He trabajado como profesora durante ocho años en institutos públicos. De aquellos años me quedo, sobre todo, con mis alumnos y con esos pequeños momentos que daban sentido a cada día: una duda resuelta, una sonrisa tímida, un «ahora lo entiendo» que te recuerda por qué elegiste enseñar.
Pero también viví una situación muy difícil en un instituto que acabó afectándome. Llegó un momento en el que volver allí dejó de ser posible para mí. Y, aun así, no quería dejar de ser profesora.
Encontré en las redes un nuevo lugar desde el que seguir siendo yo: enseñando, compartiendo curiosidades, contando anécdotas, charlando o, simplemente, pasando el rato juntos.